Jornadas de capacitación 2009

Perseguimos la excelencia educativa por eso nos actualizamos todo el tiempo. Sabemos que el alumno es nuestro protagonista, debemos guiarlo sabiamente.

Del 16 al 20 de febrero todos los docentes y profesores de Portezuelo, Los Olivos y Platero recibieron clases de capacitación. A lo largo de una semana, distintos disertantes transmitieron sus conocimientos. La intención del encuentro fue reforzar los valores y objetivos de los Colegios de APDES. De esta manera nuestros profesores, los eternos y los recién llegados, compartieron y debatieron sobre los ideales de la Institución.

Con invitados como Carla Blazi (Colegio Los Molinos, Rosario), Daniel Balderramo (Colegio Los Olivos, Mendoza), Raquel Favier (Colegio Portezuelo, Mendoza), Florencia Silveyra (APDES) y Fabián Camuso (APDES), las jornadas se desarrollaron en forma ordenada y con la colaboración de todos los participantes. Los temas fueron expuestos a partir de distintas estrategias pedagógicas, como trabajos prácticos, creación de roles imaginarios y debates en equipo. Poniendo el foco en la persona, como ser singular, los participantes escucharon a las distintas personalidades. Se trataron temas como el “Plan de formación de padres”, las “Normativas de convivencia”, el “Proyecto incidencia”, los “Fines y objetivos del PEI” y muchos otros ejes temáticos.







Elegir una carrera

Y ahora… ¿qué estudio?
A la hora de elegir una carrera, muchos jóvenes echan de menos una bola mágica de cristal para ver el futuro y poder decidir sobre seguro. Se plantean cuestiones de todo tipo: ¿Elijo lo que realmente me gusta? ¿Me inclino por lo que tenga mejores perspectivas de trabajo? ¿O hago caso a mi padre y estudio Derecho como han hecho todos mis hermanos?
A nosotros nos gustaría proporcionarles esa receta mágica que no falle, porque nos damos cuenta que elegir una carrera es algo serio. De algún modo, se asientan las bases de su futuro profesional, una faceta importantísima del futuro de nuestro hijo como persona.
Muchos factores
Los padres siempre podemos hacer algo para apoyar al hijo que se encuentra en tal dilema. Son ellos los que tienen la última palabra, porque se trata de su vida y de su futuro… pero podemos esforzarnos para ayudarles en lo que sea preciso. Desde obtener toda la información posible antes de tomar la decisión hasta mostrarles las ventajas de una carrera sobre otra. Y siempre sin imposiciones. Partimos de una vieja fórmula: para poder elegir, primero hay que conocer.
Entran en juego muchos factores y uno muy importante es la media de notas, que puede imposibilitar que nuestro hijo siga la opción elegida. En otros artículos hablaremos más en profundidad de qué hacer en este caso.
Hablar, hablar…
Las conversaciones con nuestros hijos sobre su futuro suelen ser muy positivas. Ahora bien, pueden encerrar un cierto peligro si pretendemos inculcarles la profesión que a nosotros nos gustaría para ellos. Es cierto que tenemos mucha más experiencia y gozamos de un punto de vista mucho más amplio, pero nuestro hijo ha de vivir su propia vida lo que conlleva que va a estudiar y trabajar en lo que quiera.
Si, inconsciente o conscientemente, presionamos al joven para que opte por un determinado camino, nuestro hijo podrá reprocharnos en un futuro que “le comimos el coco”, aprovechando un momento en el que era muy vulnerable a las influencias exteriores debido a su propia inseguridad. Como padres, debemos hacer lo posible para que no se equivoque, pero si yerra que lo haga solo: de los errores se aprende mucho.
…Y sobre todo escuchar
Nuestro papel en las conversaciones es escuchar, tratando de guiar su razonamiento para que aborde todas las variables necesarias antes de tomar -él, no nosotros- una decisión. No hace falta concretar hora y día para hablar del futuro: las mil oportunidades de la jornada son los mejores momentos para conocer las posturas de nuestro hijo y para orientarles.
Debe ser un pensar en voz alta del hijo, sin aprovecharnos de su inseguridad para intentar guiarle hacia lo que siempre habíamos pensado para él. Cuando se trata de consejos, nuestro hijo los acepta y le ayudan a pensar. Cuando intentamos imponer nuestra opinión, se rebelan.
Los pies en el suelo
Es importante ayudarles a ser realistas y a conocer sus puntos fuertes y débiles, para que elijan su carrera o profesión de acuerdo con sus aptitudes y posibilidades. Ya sabemos que uno mismo tiende a idealizarse y a creerse superior; y si somos algo vagos, acabamos por elegir lo que menos esfuerzo exija.. Nadie mejor que los padres para poner los pies en el suelo.
Se trata de que no se impongan metas tan altas que sean inalcanzables y terminen frustrándoles, ni tan inferiores a sus posibilidades que acaben por no satisfacerles. Para ello hemos de empezar por ser realistas los propios padres. No podemos pretender que un hijo que se marea cada vez que ve sangre sea cirujano, por mucho que lo hayan sido su padre y su abuelo…
Puede ser un acierto la oportuna consulta con algún profesor que conozca bien las aptitudes y preferencias de cada caso concreto, y sus posibilidades de éxito o fracaso en la carrera que quiere seguir.
Visión de futuro
Aún siendo muy importante, la carrera no es un fin sino un medio para acceder a una determinada profesión.
Nuestros hijos deben ser conscientes de que no están decidiendo sobre cinco años de estudios, sino sobre cuarenta de ejercicio profesional, y por tanto es precisamente el contenido de la profesión la que más ha de pesar en su decisión.
Información de primera mano
Cuando el campo de intereses se delimite a un grupo de cuatro o cinco profesiones, sería bueno poner a nuestros hijos en contacto con amigos y conocidos que les hablen del contenido del trabajo, de la preparación necesaria para llegar a él y de las capacidades y cualidades requeridas.
Siempre es mejor que esta persona sea lo más cercana posible a él en el tiempo; el hijo de algún amigo que haya estudiado esa carrera, por ejemplo. Su testimonio tendrá más valor.
En contacto con la profesión
Lo ideal sería que él o ella pudieran comprobar sobre el terreno que, efectivamente, ése es el trabajo que les gusta. Una posibilidad sería hacer algún trabajo en verano para que puedan comprobar “in situ” el día a día.
Por ejemplo, un muchacho que se plantea ser médico podría estar parte de sus vacaciones de verano ayudando como voluntario en un hospital de la zona, cuidando enfermos, etc. Aunque no hiciera más que llevar en un carricoche las comidas, la experiencia será positiva para él por la toma de contacto que supone con la realidad.
Carreras abiertas
Si nuestro hijo duda ante la elección de una carrera, lo más aconsejable, siempre respetando su decisión, es recomendarle la alternativa que menos limite el abanico de salidas profesionales.
Si a nuestro hijo le gustan las matemáticas y quiere hacer una carrera con un fuerte contenido en esta materia, pero duda entre Exactas o Ingeniería Industrial, desde el punto de vista práctico es mejor que se decida por la Ingeniería, ya que las posibilidades de especialización y elección de trabajo, una vez terminada la carrera son mucho mayores. Tal vez entonces, con unos años más, tenga más claro lo que quiere.
Para pensar…
· Ayuda a tu hijo a pensar en voz alta sobre su futuro profesional. Introduce en su razonamiento todas las variables que, a tu juicio, debe tener en cuenta en su decisión.
· Hazle ver que más que las asignaturas que componen la carrera, lo que ha de gustarle es la profesión a la que accederá después.
· Anímale a que haga algo a la altura de sus posibilidades y aptitudes. Ni por encima, porque al no conseguirlo se frustrará, ni por debajo, porque acabaría por lamentar no haber hecho más.
· Habla con algún profesor que conozca bien a tu hijo sobre sus capacidades para ejercer una u otra carrera.
· Facilítale el ponerse en contacto con conocidos tuyos que le informen sobre las distintas carreras y profesiones que puedan interesarle.
· Plantéale la posibilidad de hacer algún trabajo, a tiempo parcial, en el entorno laboral que cree que le puede interesar. Es la mejor manera de hacerse una idea real de una profesión.
· Si tu hijo duda entre dos o tres carreras, oriéntalo hacia aquella que le permita a posteriori decidirse por distintas salidas.
· No olvides nunca que la decisión final es suya y que has de respetarla.
…Y actuar
En muchos colegios organizan sesiones de orientación universitaria. Si al que asiste tu hijo no lo hacen, puede ser una buena idea hablar con los profesores o el director para que piensen en esta opción. Sería interesante contar con distintos profesionales (los mismos padres de alumnos) para que explicaran sus experiencias, el contenido de la profesión, etc. Anima a tu hijo para que vaya a la mayoría de las sesiones, aunque tenga más o menos decidido lo que va a hacer.

Artículo extraído de la revista Hacer Familia

Cómo formar el carácter del los hijos

Cómo formar el carácter de los hijos
James Stenson

Muchos padres hoy en día, quizá por su formación débil, tienen ideas muy equivocadas con respecto al papel de los padres, de modo que ellos y sus familias se topan con frustración, desengaño, y a veces con verdaderas tragedias.
Para que los hijos puedan evitar este problema, los padres necesitan un programa claro de su tarea como padres. Junto con esto, y relacionado con ello, saber qué errores evitar.

Muchos padres creen, equivocadamente, que su papel consiste en preservar el carácter, no formarlo. Es decir, creen que los niños llegan al mundo con rasgos hermosos, inocencia admirable, y que el papel de los padres es conservarlos mientras los niños crecen.
Desde otro punto de vista, estos padres equivocados consideran su tarea como mantener a los niños ocupados todo el tiempo, porque “una mente ociosa es el taller del demonio”. La vida de la familia, entonces, se dedica especialmente a huir del aburrimiento y proteger a los niños de los así llamados “malos compañeros”. Estos padres parecen creer que sus niños van a desarrollarse naturalmente hasta llegar a ser hombres y mujeres escogidos, siempre que puedan mantener intactas sus cualidades infantiles. Hay algo de verdad en esta visión, sin duda. Tiene que haberla, porque de otro modo nadie la creería. Es cierto que los niños chicos tienen algunos rasgos encantadores que deben ser preservados en la vida.

En primer lugar, cuando se les enseñan las verdades de la fe, los niños tienen un hermoso y fuerte amor a Dios. Tienen gran amor por su familia, sus padres, hermanos y hermanas. La pesadilla más terrible para un niño es el verse separado de su familia. Tienen amor a la vida, con felicidad radiante de estar vivos. Cada mañana el niño despierta y ve el día como un regalo, una oportunidad para pasarlo bien y entretenerse con la familia y los amigos. Trabajo y juego son lo mismo, y los niños están siempre listos para reír.
Los niños tienen un amor especial por la verdad. Su observación de la verdad es persistente, a veces sorprendente y ocasionalmente causa vergüenza a los adultos que están por ahí. Los niños chicos son muy malos para mentir; solo más tarde, cuando crecen, aprenden a mentir, tanto a los demás como a sí mismos. No cabe duda que los niños debieran conservar estos amores por toda la vida. Y lo harán siempre que los vean reflejados en la vida de sus padres . Al crecer, los niños deben ver que sus padres todavía aman a Dios, su familia, la vida misma, y la verdad.
Pero es igualmente evidente que los niños son víctimas de los resultados del pecado original. Junto con aquellos rasgos encantadores mencionados, tienen defectos graves, faltas que se hacen más evidentes después de los dos años, cuando comienzan a decir ” No” y lo piensan. Se muestran como criaturas centradas en sí mismas, totalmente dedicadas a satisfacer sus apetitos y pasiones, y decididos a dominar las vidas de los que los rodean por la fuerza o por manipulación. (Cualquiera que tenga dudas sobre esto debiera observar el patio de una guardería por unos pocos días; estos defectos se notan más claramente, y nos abisman, en los niños ajenos).
Y más adelante vemos estas mismas faltas en adolescentes y aun en personas mayores. Porque el simple hecho que experimentamos en la vida es este: si los niños crecen sin que se corrijan estas faltas, entonces estas se hacen habituales, y aun monstruosas. Los niños llegan a la adolescencia y a la edad adulta como versiones más grandes de lo que fueron en la infancia, pero con los rasgos buenos desdibujados. Niños que han sido formados pobremente llegan a la edad adulta como personas centradas en sí mismas, movidas por apetitos y pasiones, y obsesionadas con dominar a otros. Aunque tengan buenos empleos y ganen salarios cuantiosos, sus vidas son un desastre. Están mal preparados para el matrimonio y otras responsabilidades importantes, y frecuentemente terminan con hogares destruidos y niños totalmente descontrolados.
Es triste, pero este desarreglo familiar en el que los niños crecen en edad, pero no maduran tiende a afectar a esas familias mencionadas anteriormente, en las que los padres solo se preocupaban de mantener a los niños ocupados y entretenidos, y contaban con el paso del tiempo, de alguna manera, para tornar a sus niños en adultos responsables. Todas las correcciones de los niños, entretanto, fueron vistas como mero control momentáneo, destinado a mantener la paz y el silencio como un fin en sí, y limitar los problemas a un mínimo.
Los padres desorientados que crían a sus niños de esta manera, se topan frecuentemente con desengaños y se les parte el corazón. Con frecuencia ven a sus niños desarrollarse como narcisistas hábiles, personas que no se preocupan de sus padres ni de sus hijos si es que los tienen . Estas tristes consideraciones, por contraste, llevan a una descripción de la tarea que Dios les ha encargado.
El papel de padre no es un mero mantener a los niños ocupados y sin problemas. Uno no está llamado a hacer la vida de los niños una serie ininterrumpida de sensaciones agradables, un aprendizaje práctico de un esfuerzo de toda la vida por el placer y por controlar a otros. La tarea que Dios ha encomendado a los padres es esta: están llamado a pasar años de esfuerzo y sacrificio, para guiar a sus niños, para que lleguen a ser personas competentes, responsables, considerados, comprometidos a vivir toda una vida guiada por principios cristianos, cueste lo que cueste.
La tarea es criar adultos, no niños. La misión es formarles el carácter y la conciencia en las mentes, en los corazones y en la voluntad. Tienen que esforzarse tras este ideal cada día, sin descanso, y reconociéndola como su mayor responsabilidad en la vida.

¿Qué es el carácter?
Miremos el carácter en detalle. ¿Cómo podemos definirlo?
Carácter es la colección de hábitos buenos formados en la mente y en la voluntad de los jóvenes. Estos hábitos se llaman virtudes o fuerzas de carácter. Ahora podemos considerarlos en esquema. Las virtudes cristianas fundamentales son siete:
• Fe: creer en Dios y en todo lo que ha enseñado por medio de la Iglesia, incluyendo lo que enseña sobre el propósito de la vida humana que nos ha hecho para que lo conozcamos, lo amemos y lo sirvamos aquí en la tierra, y para ser felices con Él, para siempre, en el Cielo .
• Esperanza: la confianza de que Dios nos cuida como un padre amante y que, por consiguiente, no tenemos nada que temer; Él nos ayudará en todos los problemas de la vida y nos dará los me dios para alcanzar la salvación eterna.
• Caridad: el amor a Dios por encima de todas las cosas, y el amor a los demás por Él; la visión de que cada uno es un hijo de Dios y que lo servimos a Él cuando servimos a los demás, nuestros hermanos y hermanas en la familia humana.
• Buen juicio y conciencia (prudencia): el pensar correctamente sobre la gente, los sucesos y nosotros mismos; la habilidad de discriminar en las cosas importantes de la vida verdad y mentira, bien y mal, lo hermoso y noble , de lo pedestre.
• Responsabilidad (justicia): reconocer y respetar los derechos ajenos, que es el origen de nuestras obligaciones; un sentido del deber por el bienestar y la felicidad de los otros; la voluntad y habilidad de vivir con las consecuencias de nuestras decisiones libres, incluyendo nuestros errores.
• Perseverancia valiente (fortaleza): la voluntad y habilidad de sobreponernos o soportar problemas, sin buscar rehuirlos; la capacidad de tolerar dificultades, aun dolor e incomodidad, y de sobreponerse a los reveses y desengaños.
• Control de uno mismo (templanza): la capacidad de decirnos que “no”, de diferir o pasarnos sin gratificaciones; el poder de sobreponernos a las pasiones y apetitos; la costumbre de disfrutar de las cosas buenas de la vida con moderación.
Este es, en resumen, el carácter del cristiano. Es real y algo que todos podemos alcanzar. Lo conocemos cuando lo vemos en otros, y debiéramos querer verlo crecer en el alma de nuestros niños.

JAMES B. STENSON es autor de varios libros sobre educación, con gran éxito entre padres y educadores. Entre ellos, el libro Cómo tratar a los adolescentes, y Guía para padres que quieren tener éxito Es un educador con más de 20 años de experiencia y conferenciante de prestigio.

Fuente: www.educar.cl

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2009

Benedicto XVI
MENSAJE
DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA DE 2009
¡Queridos hermanos y hermanas!
Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor ! la oración, el ayuno y la limosna ! para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las TablaҔ3|???k?=
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